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miércoles, 19 de octubre de 2016

Para crecer hay que poner mucha plata

La “cantidad” bien entendida empieza por casa

En las conclusiones de mi nota “Cuánto nos falta para festejar”, y hablando de la competitividad en general, de la Argentina en particular y de las inversiones necesarias para el crecimiento, expresé que “la competitividad no se pide como un deseo al genio de la lámpara”. “Todos tenemos una cuota que aportar si queremos conseguir la capacidad para producir bienes y servicios de forma eficiente (precios decrecientes y calidad creciente)”.


“Cuando planteamos algunas pujas distributivas con cierto “salvajismo” (hay pujas redistributivas que son muy legítimas), flaco favor le hacemos a la competitividad. Los sindicatos pujando por mayores salarios, los empresarios por bajarlos, los formadores de precios aumentando sin justificación y “por las dudas”, los que fijan precios intermedios en las cadenas de valor aplicando altos precios sin importarles el conjunto, los que no invierten en capacitar a su gente fomentando la mejor productividad por talento y calidad, los que tienen que invertir en nuevas tecnologías porque las que usan han entrado en obsolescencia, los argentinos con capacidad para invertir y que no lo hacen esperando que vengan a invertir los de afuera”.

“No hay crecimiento ni desarrollo para la Argentina si no comprendemos que su competitividad es esencial, si el concepto nos resulta indiferente o si sentimos que nosotros no tenemos nada que ver”.

Las preguntas son: ¿están los argentinos interesados en invertir en Argentina? ¿son iniciadores a riesgo del proceso de inversión o se quedan esperando garantías? Las respuestas se pondrán de manifiesto dentro de poco.

El Informe sobre lo que se necesita y se espera

La consultora ABECEB, que dirige el economista Dante Sica, acaba de publicar un informe donde sostiene que, en los próximos cinco años (quinquenio 2017-2021), la Argentina requerirá que las inversiones alcancen el 19% del PBI, totalizando unos U$S 131.500 millones anuales, si quiere lograr un crecimiento sostenido.



Primero veamos los datos del informe, pero no se haga “barullo” con los números porque de lo que se trata es captar la idea conceptual en general. Los datos y las previsiones dicen:

“De 2008 a 2016, las inversiones promediaron US$ 82.690 millones anuales, lo que representa 16,4% del PBI. Así, para reanimar la economía se requerirá sumar casi U$S 50.000 millones anuales a las inversiones contabilizadas hasta este año”.

Del total de aportes que demandará nuestro país en el próximo quinquenio, la porción mayoritaria deberán provenir del sector privado con US$ 110.760 millones anuales, o sea 15,8% del PBI. Esta cifra implica un crecimiento significativo sobre los US$ 72.427 millones anuales invertidos en los cinco años anteriores.

En tanto, el sector público duplicará su aporte con U$S 20.720 millones anuales hasta 2021, cuando de 2008 a 2016 invirtió U$S 10.263 millones anuales, aumentando del 2 al 3%% del PBI.

"La inversión tiene un rol central en la actual estrategia de crecimiento. Hoy la tasa de inversión de nuestro país es muy baja y sin un aumento significativo no será posible lograr un desarrollo sostenido y significativo de la economía".

En este marco, dice que "el cambio de régimen macroeconómico generó una mejora en el clima de negocios y redujo la incertidumbre macroeconómica, factores que deberían comenzar a traccionar la inversión privada. La inversión pública también repuntará, gracias al ambicioso plan de infraestructura anunciado por el gobierno, que ya comienza a dar sus primeros pasos.

De acuerdo a las estimaciones de ABECEB, algunos de los sectores que protagonizarán el impulso a la llegada de inversiones son los siguientes:

Petróleo y gas, con U$S 9.000 millones anuales, debido a un nuevo entorno macro más atractivo, un marco regulatorio alentador y un aumento en la producción de gas. La infraestructura en obra pública con anuncios que alcanzan los U$S 6.600 millones donde se destaca el Plan Belgrano (U$S 16.000 millones) y la aplicación de la Ley Guinle que requiere inversiones por U$S 20.000 millones en energía renovable para cumplir las metas previstas el año 2025.

Recordemos que la Ley llamada Guinle (por el ex senador Marcelo Guinle) es la nueva Ley de Energías Renovables N° 27.191 que propone lograr que un 8% de la matriz nacional de la energía eléctrica sea aportada en 2017 por fuentes renovables, y alcanzar el 20 % en el 2025.

La minería aportará U$S 2.750 millones ya que, a partir de la eliminación de retenciones, la presión fiscal está en línea con la región y hay más de 30 grandes proyectos en etapa de exploración (Cerro Moro, Taca Taca y Potasio Río Colorado, entre otros).

La industria proveerá U$S 2.055 millones por varios factores, entre los cuales se destacan el crecimiento de la producción farmacéutica superior al del PBI, la mayor utilización de productos agroquímicos, la recuperación de la demanda automotriz y el establecimiento de nuevos proyectos productivos.


La agricultura inyectará inversiones por U$S 2.706 millones anuales en el próximo quinquenio impulsada por un crecimiento del mercado de 26,8% en la producción de granos, siendo los más dinámicos maíz y trigo con 48%, debido a una creciente demanda internacional, el aumento de las ganancias, una ampliación del área sembrada y un alza en el uso de agroquímicos.
Recientes noticias indican que también aumentará la superficie sembrada de girasol que, en estos días, alcanzó el precio de U$S 380 dólares la tonelada.

La construcción captará inversiones por U$S 1.760 millones anuales, luego de las restricciones monetarias que castigaron al sector, el actual déficit habitacional, el ingreso de capitales derivados por el blanqueo y los nuevos instrumentos hipotecarios.
Un sistema de créditos accesibles para primera vivienda en este rubro será fundamental ya que, hoy día, los préstamos hipotecarios son muy escasos y de muy difícil calificación para los solicitantes.

Por último, alimentos y bebidas será uno de segmentos más atractivos con inversiones en el orden de los U$S 1.856 millones, por el crecimiento de la demanda interna que se verificará a partir de 2017. El sector de la carne también será protagonista, con inversiones que alcanzarán los U$S 1.134 millones impulsadas, entre otros motivos, por un crecimiento del 23,3% en el consumo de bovinos, del 25,7% en cerdo y del 8,1% en pollos y, además, la eliminación de los ROE permite acceso a los mercados extranjeros.

Como se ve, el informe habla de “la llegada” de inversiones aplicadas a los distintos sectores mencionados. Los números son grandes para los niveles existentes, en los últimos tiempos, en la Argentina.

La pregunta es: ¿cuánto invertirán los argentinos en su propio país? ¿lo harán algunos, blanqueo o no mediante, con parte de las gigantescas sumas que mantienen en el exterior? ¿o se quedarán de nuevo “sentados” a esperar que vengan primero los extranjeros a marcar el rumbo?

¿Seremos capaces?

¿Tendremos la capacidad de “tirar todos del mismo carro”, con la cuota que nos corresponda y desde el lugar en donde estamos? El gobierno tiene la obligación de crear, orientar y establecer las condiciones para la inversión, que sean seguras jurídicamente y duraderas, pero el capital privado es el que tiene que “jugarse” desde el principio. Y no permanecer “agazapado” viendo cómo les va a los otros primero y después reaccionar.

La gente mira lo que le pasa a la gente. Los datos del crecimiento, los porcentajes del PBI y otros datos de la macroeconomía son importantes porque son las grandes formas de medir lo que pasa, pero para el común de los argentinos es información poco entendible y números que sobrepasan a la comprensión práctica personal.

Los argentinos asistimos a discusiones sobre si se puede o no girar dividendos al exterior, si se impone que una parte deba reinvertirse en el país que los generó, si los impuestos que se cobran a estas grandes inversiones son, en parte, para remediar los pasivos ambientales que esas explotaciones dejan para el futuro, si las reservas del Banco Central crecen porque el país crece y exporta más o porque nos estamos endeudando en el exterior, si bajamos las retenciones o no las bajamos, y tantos otros asuntos de política económica. Pero no se nos explica claramente adónde se apunta con cada decisión y, lo más importante, cómo nos afectará como habitantes y ciudadanos.


La gente mira si tiene empleo, si la familia o sus hijos consiguen empleo, si se puede vivir un poco mejor, si la plata alcanza, si la educación vale la pena, si se tiene mejor calidad de vida.





La riqueza que se genera en un país tiene que servir para que circule más riqueza para su gente. Y esta es la gran lucha para vencer a la pobreza.


Conclusiones

El informe es alentador y, a la vez, desafiante. Nos la pasamos diciendo que nuestro país es rico en todo, en recursos naturales, en locaciones turísticas, en la capacidad de generación de alimentos, en talento de sus recursos humanos, pero siempre, por alguna razón, estamos “fallos a la copa”. Que los políticos, que los empresarios, que los sindicalistas, que nosotros, que ellos.

Tanto nos ha castigado el mal ejemplo, desde arriba y desde abajo, que somos “sospecheros” para todo. Si alguien gana bien nos preguntamos en qué “curro” andará; si alguien es exitoso, con quién se habrá acomodado; si se cierra una concesión o una adjudicación, a quién habrá sobornado. Estas cosas las vemos nosotros, a veces acertando y a veces equivocándonos, pero también se ven desde afuera.

Queremos que vengan a invertir, pero cuidado con “extranjerizar”. Hay muchos argentinos con mucho capital, pero son remisos a seguir invirtiendo. Alguien tiene que invertir para que haya trabajo, sobre todo en estos tiempos donde la irrupción vertiginosa de nuevas tecnologías hará que, en apenas pocos años, todo cambie.

Por lejos, la mayor inversión que tendrá que hacer el Estado, los empresarios y los sindicatos será en educación. Caso contrario habrá un gran dilema: inversiones de capital intensivo en máquinas y tecnología, pero que darán poco trabajo a las personas.

Sé que estos argumentos ofrecen muchos flancos para la crítica y para pensar distinto. Todo tiene matices, pero si queremos crecer e intentar vivir mejor, tenemos que bañarnos con un poco de confianza y promover la buena inversión con entusiasmo y menos reticencia.

Y esto vale fundamentalmente para los más jóvenes que se están preparando para el futuro. Tendrá que venir una generación de exitosos honestos que ganen mucha plata a fuerza de talento, ingenio y capacidad.

Ojalá que entremos en un tiempo en el que podamos volver a confiar. Pero es más fácil si el que conduce explica por qué, adónde vamos, cómo lo haremos y para qué sirve.

En recientes encuentros empresarios, el Presidente de la Nación les pidió entusiasmo y ánimo para invertir. Les hablaba a los de afuera, pero principalmente a los de adentro.



Y sí. Para crecer hace falta poner mucha plata, pero vamos a ver si los argentinos pican en punta.


Fuente consultada: Revista Mercado

23-10-2016

Gracias Alejandro Borensztein por tu remate en tu nota ¿Hay que dejar de votar por dos años?
"Imaginemos un plebiscito entre los empresarios argentinos:
1. ¿Quieren seguir siendo un país pobre con gobiernos autoritarios y berretas? Respuesta: NOOOO!!!
2. ¿Están dispuestos a apostar al futuro del país metiendo la mano en el bolsillo e invirtiendo ahora mismo? Respuesta: NOOO!!
Reflexión para el Compañero Mauri: olvídate macho, pensate otro plan porque estos ñatos no van a poner un sope".






jueves, 1 de septiembre de 2016

Dos más dos son cuatro (y la matemática no es una opinión)

La lucha es fuerte y llevará un tiempo

Con algunos argumentos sé que me pongo cansador, pero después de todo, ¿acaso no hacen lo mismo los que hablan por radio o televisión, o escriben en los diarios, repitiendo y repitiendo?. Es que, la mayor parte de las veces, las noticias, las novedades informativas, se construyen sobre hechos o fenómenos reiterativos que constituyen la causa de todas las cosas que pasan después.

¿De qué estoy hablando? De varias noticias económicas que se están produciendo en estos días, y que son consecuencia y no causa en sí mismas: la caída de la producción industrial, la caída en la construcción, la baja en la venta de gas oil, la pulseada entre la tasa de interés y el dólar, y la baja de la inflación.

En el entorno de una fuerte inflación en el primer semestre y el pánico producido por la amenaza de un enorme aumento de las tarifas de los servicios públicos, la gente dejó de comprar, dejó o disminuyó sus salidas a comer afuera, paró de comprar electrodomésticos o electrónica y otras decisiones de ajuste en la economía familiar. Inclusive, dejando de lado los gastos considerados más suntuarios, bajó sus consumos de primera necesidad.

Es muy común, en estos días, cuando caminás por la calle o hablás con gente en los negocios, escuchar una frase simple: “no hay gente”.

Ante la disminución drástica de las ventas, la industria bajó la producción y, en medio de ese panorama, quién se atreve a seguir tocando los precios hacia arriba. En resumen, tenemos funcionando en todo su esplendor la más ortodoxa de las recetas: la inflación se frena con recesión.

La gente no compra porque las cosas están caras. La industria no produce porque la gente no compra, la construcción se para a la espera de mejores perspectivas. Los precios se frenan (o alguno baja) porque no se vende.

Pero vuelvo con los mismos argumentos repetidos y cansadores. Todo ese círculo claramente vicioso es consecuencia del……….. Sí claro, del déficit fiscal. Se acuerdan (si es que han leído este blog) que decíamos que “hay que corregir a la madre para curar a la hija”. Ese es el dato que hay que mirar. La “madre del borrego” es el déficit fiscal y la inflación, su hija descarriada.

El gobierno intenta emitir menos de lo que hace falta para cubrir el déficit y, de esta manera, ir “secando” la economía, pero en los subsidios a la energía tiene su enorme “talón de Aquiles”. Y el Fallo de la Corte no ayudó para nada, aunque la gente lo festeje. Pagaremos menos la luz y el gas, pero pagaremos más con la inflación que seguirá viva un buen tiempo más.

Más baja, tal vez. La recesión está haciendo su trabajo. Pero entre la euforia de Prat Gay y la prudencia de Sturzenegger, me quedo con el segundo, aunque los dos apunten al mismo y loable objetivo en el mediano y largo plazo que es destruir al monstruo inflacionario. 

No estoy tratando de enseñar a nadie. Esta nota es sólo descriptiva y busca reunir argumentos y explicaciones que andan sueltas, pero que todas confluyen en lo mismo. El gobierno tiene muy claro lo que pasa y los economistas (si actúan exentos de intención partidaria) mucho más. Aún aquellos que, al hablar, se debaten entre decir lo que es “políticamente correcto” y lo que no.

“La inflación ya no es un problema”, dijo Prat Gay (Ministro de Hacienda). Y Sturzenegger (Presidente del Banco Central) dijo “No cantemos victoria antes de tiempo”.

Si quiere llenarse de números, lea estas notas. Es denso, pero son los números que gobiernan el problema.







Vale la pena leer a Daniel Fernando Canedo en Clarín:

“En el Palacio de Hacienda creen que el tiempo político-electoral ganará peso en el corto plazo y perderá terreno la posibilidad de reducir el déficit, vía recorte de partidas presupuestarias”.

Y esta es una definición nueva: “Pero Sturzenegger, que hasta ahora siempre consiguió el respaldo del Presidente para llevar adelante su política de contracción monetaria, ya había adelantado su idea de que en los próximos tres años las tasa de interés debería ser 4 o 5 puntos positiva en términos reales” (recordemos que la tasa que se paga a los depositantes, o tasa pasiva, siempre fue históricamente negativa respecto de la inflación).


Dice Martín Bedegaray: “En 2005, las transferencias económicas al sector energético eran de $ 3.300 millones. Ahora, si se llega a $ 220.000 millones de subsidios, el subsidio estatal escaló 165 veces (lo transcribo textual, pero creo que erró en la cuenta: 220.000/3.300 da 66,67) . En dólares, se trepa de US$ 1.000 millones en 2005 a cerca de US$ 14.500 millones este año”.



Retrotrayendo las tarifas de los servicios públicos hemos prevenido que se cometan algunas injusticias con los que tienen problemas, pero también hemos logrado que los porteños de Recoleta (y algunos más) sigan pagando $ 150 de luz por mes. Y a nuestro Estado le costará $ 220.000 millones en subsidios que pagaremos con inflación y, dentro del mismo esquema, con más recesión. Y los habitantes de todo el país.



Los industriales, y el resto de los agentes económicos, reclaman que la economía arranque y entre en un período de crecimiento (y después el desarrollo). El gobierno les responde que estamos mucho mejor, pero todavía estamos atravesando una difícil coyuntura. Y llama al diálogo para “acordar políticas estructurales de largo plazo entre todos, sentados en una mesa”.




En definitiva, es una tarea titánica para la que habrá que armarse de paciencia. Es un asunto que nos afecta a todos, especialmente a las generaciones que están armando su porvenir. Los que vivimos todos los tiempos en los que les sacamos 13 ceros a nuestra moneda, tenemos la piel curtida y nos abruma la recurrencia batiéndonos el ánimo, pero están los que esperan con esperanza porque todavía tienen mucho camino por recorrer.

Mirar para atrás para aprender y no cometer los mismos errores (aunque en eso parece que somos bastante testarudos –o testaduros-), pero sobre todo, mirar para adelante porque, como siempre, los que nos afectará la vida está allí, en el futuro. Lo que ya pasó servirá para acordarse de los responsables, pero lo hecho, hecho está.

Este es un trabajo de alta profesionalidad para los que toman decisiones, pero también es una profunda tarea de solidaridad social donde cada uno tenemos que poner lo nuestro y, si estamos en condiciones de contribuir, no hacernos los distraídos.

Como dijo Henry Jones, Sr. (Sean Connery) en “Indiana Jones y la última cruzada”, ojalá todos consigamos “iluminación”.







Por el Cr. Hugo Antonio Borelli